Folio 2/7
Vine a Murcia creyendo así mejoraría todo, a una casa nueva, con graves problemas de inundación, entre otros ocultos por la dueña, que tuvimos que amueblar (aun alquilada amueblada). La alquilamos los dos, para ella venirse a vivir después, o mientras estar los fines de semana; ella me iba a ayudar económicamente, y además, pedir la ayuda de alquiler para jóvenes; pero nunca la pidió, ni me dio un duro, y he pasado finalmente de reclamárselo. Ahí, los problemas fueron a mas, yo seguía luchando cariñosamente por hacerla feliz, y en parte por sus caprichos, del suficiente dinero que yo tenía al conocerla, pase a la ruina y deuda actual, tras exprimirme. Sus quejas me parecieron un calvario de humillación y maltrato, ella era la manzana de Adán, y yo me sentía un gusano envenenado a su lado.
No pudiendo dejarla, me mentalicé y condené a estar con ella lo mejor posible. En ese tiempo, aunque mas distantes, también la intenté dejar a veces, pero a sus victimismo de antes se unió que ahora me amenazaba con mi trabajo, con mi madre, con la casera, montando vergonzosos espectáculos al oído de los vecinos, y que al rogar se callara, decía gritando que: le daba igual que todos se enterasen.
Ella valoraba y con razón, que seguíamos juntos por ella, quejándose que una vez rompía, no luchaba por ella, careciendo de valor el resto. Mi entrega fue intensa, dulce, y cariñosa, apoyándola en todo, animándola, cuidándola bien, luchando por sus sueños, compartiendo actividades sociables con mis amistades, estando ahí cuando me necesitó. Y Mejoré en algún aspecto por evitar quejas, demostrando siempre mi amor, renuncié a una parte de mi para dársela a ella, avivé la llama de la pasión, e hice mil locuras con ella; escapándonos casi cada fin de semana a enseñarle la medía España que conocía yo ya, y llevándola por medio mundo: Francia, Londres, Milán, Nueva York, Canadá, en 2 años (a un ritmo de vida que siempre le dije que era desmesurado, y que para nada debía basarse la relación en ello).
Las veces que desconfió acabó sorprendiéndose, como cuando estando en un bar, tardé en volver del aseo, porque fui a comprar en secreto un anillo que vio antes en una tienda cerca; o una tarde de su cumpleaños que no me localizaba y al verme se enfadó y extrañó nada preparase, y le dije de irnos a cambio a dormir a una cabaña en la sierra, y al llegar, abrió la puerta y vio la casa llena de sorpresas, pues estuve antes por la tarde; o al ausentarme minutos a las 3 de la mañana, para coger naranjas de un huerto, por su antojo de tomar un zumo. Así era ella, y así yo con ella.
Mi trato con ella lo definiría como un perro fiel, buen compañero y amigo, muy confiado, sumiso, que provocado ladra, pero nunca, ni abandonado, mordería las manos de su dueña. Por contra, ella me pareció poco entregada, reservada, nada detallista, de difícil sociabilidad, pues nunca hicimos nada con amistades suya y criticaba las mías; pasiva, poco sorprendente, fría y calculadora, dominante y exigente, caprichosa, y prepotente, aunque valoré por encima, otras cosas que tenía como persona.
Su trato digamos era como el de una indomable gata salvaje, muy arisca, maniática, e independiente cuando no le interesas, que saca las uñas antes y avisa así desafiando, pero que acaba arañando de verdad; pero eso sí, que cuando se pone mimosa, se engalana y luce, y consigue derretirte siempre y engatusarte como nadie, consiguiendo lo que quiera, actuando si es necesario como un indefenso y pobre minino, sola, hambrienta, y abandonada por su madre. Y si, claro, nuestra relación era a veces como el gato y el perro, pero con distinto rol, pues ella iba tras de mí, bufada siempre.
Apenas había celos entre ambos, pero una vez, por un ataque infundado como comprobó, rompió mi portátil y archivos de trabajo, me aporreó a puñetazos, e hizo lo mas denigrante que recuerdo: llorando en el suelo, rogando parase, me escupió y piso con su tacón, y ni en defensa levanté la mano, ni en esa vez, ni en otras, jamás le pegué. Fue en Marzo del 2008, y como primera vez, la perdoné, pidiendo no se repitiera, y semanas después, por que no le salía una masa de pizza (igual la masa guarda algún secreto anuncian), en lugar de tomárselo con humor, me pareció de loca, volvió a pegarme sin motivo.
Mas tarde, se encaprichó de un cachorro de dálmata (por que vio era el perro de las modelos), yo le advertí que: como era, no lo soportaría, pero insistió y se lo compré, y a los 4 días lo abandonó, le dije: que lo devolviera a la tienda al menos, y que no pidiera le devolvieran un duro, que se me caía la cara de vergüenza. De eso, se enteraron compañeros de trabajo, que si ya no la soportaban por su aparente arrogancia y desprecio, ahora menos; ahí quise dejarla más que nunca, y juré no caer de nuevo en su victimismo, diciéndole: que si le hacía eso a un cachorro, a una persona que le haría pues, ella me dijo: que como pensaba así de ella, que a una persona es muy distinto, y seguimos.
Al poco, por desgracia, repentina y dolorosamente, muere un hermano mío (en el puente de Mayo de 2.008), y en los malos momentos que se demuestra lo que uno vale, su familia y ella me mostraron lo contrario, nadie vino al entierro, ni nadie (con cuyas bellas, y pienso, desagradecidas 4 hermanas me porté genial) ni por móvil, ni viéndome luego, me dieron el pésame. Tras la tragedia hablé con ella que: no quería sufrir más, por quejas tontas, que atravesaba un malísimo momento y que tuviera mas tacto.
A las dos semanas de la tragedia quedé saldría con su hermano (el más bueno y agradecido) a jugar a los bolos (como otras veces), pero a última hora, ella me llama y dice: que habían cambiado de opinión, y salían de fiesta, respondiendo yo que: no estaba aun para fiestas, y que lo sentía, pero que pasaba de eso, ella se enfadó por que sin ver nada mi situación, sintió eso como que le fallara a su hermano (al que dado su estado, siempre le vi proteger). Y ahí nos alejamos, al día siguiente era mi cumpleaños, y ni me regaló nada (tampoco los años anteriores), ni estuvo conmigo, nos distanciamos sin nadie romper la relación como tal, sin tener noticias de ella hasta una semana y pico después, donde me llama muy malamente, y sólo por el tema de una denuncia que la casera pone a su nombre por el tema de la casa.
Por primera vez, por mi estado anímico, soledad o añoranza, quiero volver con ella, pero indiferente de mis lagrimas y ruegos, decide no darme nunca oportunidad, que tras darle yo a ella (y a mi a su vez) mil oportunidades que pidió, me decepcionó, y aunque comprendí se acabara el amor, no el abandono como amiga y persona, estando yo con tres costillas resentidas (que me había roto hacía muy poco, haciendo snow con ella, mi maestra), a las dos semanas contadas de morir mi hermano, con la casa inundada, mi coche roto (de tanto viaje sin usar casi nunca el suyo) y arruinado por todo, y sobretodo sólo, en una ciudad a la que me vine sobretodo por ella. Yo siempre he tenido suerte, pero la suerte a veces es buena y otras mala, porque menuda racha llevo, dicen que Dios aprieta pero no ahoga, pero con tanta inundación, cerca estuve, y pese a la animalada de cosas que pasaron tan seguidas, Noe no vino a rescatarme y me daba hasta apuro contar tanto, pareciendo a veces meras excusas justificativas.
Folio 2/7
Juicio de un amor desesperado